Miopía e Hipermetropía

¿Qué son la miopía y la hipermetropía?

Tanto la miopía como la hipermetropía -y también el astigmatismo- forman parte de lo que se conocen como defectos refractivos. De manera muy simplificada, estos defectos provocan que las imágenes no se enfoquen exactamente sobre la retina, sino que el enfoque se haga bien por delante o bien por detrás de ella. La consecuencia es una visión borrosa.

Miopía
Miopía
Punto enfoque por delante de la retina
Emetrope
Emetrope
Punto enfoque correcto
Hipermetropia
Hipermetropía
Punto enfoque por detrás de la retina

En el caso de la miopía el enfoque se realiza por delante de la retina, por lo que vemos bien de cerca pero mal de lejos, y en el caso de la hipermetropía es justo al revés, el enfoque se produce por detrás de la retina lo que provoca una buena visión lejana y mala visión próxima.

El astigmatismo también es un defecto refractivo causado por una forma irregular de la córnea, que provoca que las imágenes no se enfoquen en un foco único, dando como resultado que tanto las imágenes lejanas como cercanas se vean desenfocadas. Puede aparecer de forma aislada pero normalmente suele ir asociado a la miopía o a la hipermetropía

¿Qué es lo que provoca estos defectos refractivos?

El ojo dispone de dos lentes que son las que se encargan de enfocar aquello que vemos: la córnea y el cristalino. La córnea es la primera lente y la de más potencia, pero es una lente fija (no puede cambiar su tamaño ni su forma). El cristalino en cambio es una lente que está unida a un músculo que permite modificar su forma y por tanto su potencia. Gracias a estos movimientos nuestros ojos son capaces de enfocar a diferentes distancias.

Imágen anatómica del ojo

Para que la imagen se vea de forma nítida ésta se debe enfocar justo sobre la retina. Si la potencia de las dos lentes (córnea y cristalino) no permite llegar a ese enfoque exacto es cuando hablamos de un defecto refractivo, ya que la imagen se proyectará un poco por delante o un poco por detrás, y por tanto la veremos desenfocada.

Miopía e Hipermetropía

¿Cómo se corrigen los defectos refractivos?

La solución a esta falta de potencia pasa por compensar el defecto refractivo del ojo. Clásicamente esto se ha hecho a través de dispositivos físicos: gafas o lentes de contacto que permiten sumar potencia (dioptrías) para corregir la hipermetropía o restar potencia en el caso de la miopía, consiguiendo que la imagen se proyecte justo sobre la retina.

Las gafas, a parte de provocar molestias debido a la montura, así como sudoración, irritación, etc también tienen limitada su potencia por el tamaño y grosor de los cristales. Además, a mayor potencia mayor ha de ser el cristal. Esto produce una distorsión en el tamaño de las imágenes que puede provocar una sensación de mareo.

La lentes de contacto se basan en los mismos principios correctores que las gafas con la particularidad de que van colocadas directamente sobre la córnea. Por tanto, deben ser limpiadas y renovadas con frecuencia para evitar irritaciones e infecciones. Además, deben ser retiradas ante la aparición de cualquier molestia y no intentar aguantarlas.

La opción que evita esa dependencia tanto de la gafas como de las lentillas y de sus inconvenientes es la cirugía refractiva. Básicamente existen dos técnicas quirúrgicas: corrección láser (Lasik) o corrección mediante lentes de colágeno tipo ICL. Ambas técnicas son totalmente seguras y muy rápidas. Tanto es así que el mismo día el paciente se puede ir a casa por su propio pie y al día siguiente ya podrá empezar a hacer una vida prácticamente normal, sin necesidad de usar gafas o lentillas de ningún tipo. La elección de una cirugía u otra depende principalmente de las características anatómicas del ojo, que se determinarán mediante una batería de pruebas diagnósticas en nuestra consulta.

Corrección Láser

Corrección Láser: Esta técnica consiste en alterar las características anatómicas de la córnea modificando su curvatura, y por tanto su potencia dióptrica, de manera permanente. La remodelación se realiza de manera muy precisa y controlada mediante la vaporización del tejido corneal. Unos pulsos láser van puliendo la superficie de la córnea con gran exactitud hasta eliminar el defecto refractivo. La intervención no dura más de 10 minutos por ojo y sus efectos son permanentes y efectivos desde el primer momento, aunque la visión puede verse alterada durante los primeros días debido a los procesos de regeneración del tejido tratado.

Lentes tipo ICL

Lentes de colágeno tipo ICL: La principal diferencia frente a la técnica láser es su carácter reversible. La cirugía consiste en introducir una lente muy flexible por una pequeña incisión de no más de 3.0mm de amplitud. Decimos que es reversible porque ante cualquier eventualidad la lente puede ser retirada, y sustituida por otra por ejemplo, sin que eso afecte para nada a los tejidos oculares. No se está tratando directamente el tejido corneal como en el caso del láser para corregir el defecto refractivo, sino que este defecto se corrige mediante la implantación de un elemento físico: la lente de colágeno tipo ICL. En este caso la intervención dura apenas 5 minutos por ojo y la visión del paciente es casi perfecta desde el primer minuto.

Tanto una técnica como la otra son de carácter ambulatorio (no requieren hospitalización) y se realizan bajo anestesia tópica (gotas), acompañadas de una ligerísima sedación que ayude al paciente a estar tranquilo y relajado.